Entre coche y andén. Ya sabía yo que me sonaban todos los escritos. Y aquí va una muestra. Los he ido repartiendo. Os iría dando un premio para encontrarlos pero mi terapeuta no lo cree conveniente.

Vamos al libro: Continuar leyendo a Fernando supone recordar las catas de los vinos de reserva o gran reserva. Te regalan una botella. La pruebas. Te gusta. Ahora te vuelves adicto. Solo gran reserva. Y una marca. Tengo una pequeña bodega. Pero para usarla o regalar o recomendar. Ahora me doy cuenta que mi bodeguita tiene siete grandes reseñas, no son marcas de vinos. Son denominaciones de origen. Me voy acostumbrado a su sabor a mezclarlo con viandas: queso, jamón; aperitivos en su conjunto que me sacian sabores y el rugido de mi estómago.

La primera de recuerdo ocho botellitas. La primera es acostumbrase.

La segunda una más y el dolor que no se olvida.

En la tercera empiezo a disfrutar y nos vamos a los quince. Vamos, la pera. Pero me gusta la soledad, el ajo, el fútbol; hasta los desayunos sin diamantes.

De la cuarta once. Oficio y beneficio. De la manzana a la dictadura del lector. Abrir ojos y orejas.

En la quinta la pasión lectora. Trece. Ni una regular siquiera. Gran buqué.

La sexta. La grande. La Educación. Algo más. Once seguidas. Todas a la buchaca.

Y en la séptima. ¿Descansó? Repite números de la anterior. Es cierto.

Las 348 páginas huelen y saben a las palabras del Pablo o el Manchola. A los libros nuevos. O los que seguimos el otro bachillerato largas tardes de mates especiales o física del gran Etxenique. Un conjunto de vida que ahora con todos estos libros descansamos. Y los ensayos son, para mí, al menos un estímulo. No tanto por lo hecho como por el sentimiento de ciertos deberes cumplidos. Y seguir estando en la brecha. Hasta que la salud, el tiempo y la autoridad lo permitan. Y si no. Pues ahí están los libros. La pasión de los que solo servimos para trabajar.

 Mi amigo Manilo que tanto sabe y me recomendó al terapeuta, me recuerda que no está mal el intento. En la próxima igual cantas o recitas. Se ríe. Sabe que la poesía y la música son para mí un trauma, o un complejo. Yo le digo que son la consecuencia de mi daltonismo.

Es el paladar el que decide la calidad del vino y no la etiqueta de la botella (pág. 236). …realización personal y de placer estético de las cuales no era consciente por falta de antenas, de sensibilidad, de predisposición…(pág. 270).

Pues con la tecnología estoy en ello: También. Música y Letra: Las canciones de Thomas Mann, por Andrés Amorós

Conclusión: Como oro en paño. Sí. Con algunos subrayados. Lo de la infografía lo negaré en presencia de mis abogados.

Sobre la obra:

La obra su diseño

Reseña de César Coca

Entrevista en El Cultural, el 19/10/2020

NOTA 1: Entrevista en Asociación de escritores de Euskadi

NOTA 2: Libros recientes que fascinan por Fernando Aramburu

NOTA 3: Entrevista en El Comercio

Perdón y reconciliación

El perdón es una cosa y la reconciliación otra. Esta última supone la restitución de unos lazos afectivos rotos, cosa que, fuera de las familias o de los círculos de amigos, no se suele dar. El perdón puede ser, para las víctimas, balsámico por cuanto las reconoce como tales víctimas y les asegura que su condición de víctima no crecerá. No siempre es así, particularmente si eso que llamamos perdón se escenifica en público e induce a la víctima a una respuesta igualmente pública. Para el agresor, la solicitud de perdón implica un cuestionamiento de la causa o de la fe justificadoras de su acción, que ahora aparecen como erróneas o como causantes de un mal. No es raro, pues, que su arrepentimiento equivalga para los suyos a una traición. Pedir perdón requiere, pues, humildad y mucha valentía.