Tenía deudas pendientes. Quizás miedos. Pero me los quito de un plumazo.

Tenía miedo a pensar. Pensé en pasar de cursi a pedante. Razonaba una respuesta. Mi respuesta. Esperaba patriarcado y pasó a un matriarcado. Enseño una caratula y me dicen que es un Picasso, no un Miró, un Matisse. Son litografías no publicadas y encontradas en libros o panfletos de viejo. Se me escapa la tapadera y descubren al autor: un niño de cuatro años. Metáforas de la vida. Nos echamos unas risas. Mientas me miro las arrugas, pasan sonidos de “sagardobuses”: mira eso es el futuro, la juventud. La cupela, pero alguna con CO2. No se lo digas a nadie. Te has puesto como una cebra. Sidra, tortilla de bacalao, chuleta, costilla, queso, membrillo….

En situaciones terminales y extremas, ¿dónde está la frontera entre prolongar la vida y alargar la muerte? ¿Qué ofrecemos a quienes no quieren vivir enjaulados en el dolor? ¿Solo puede haber una respuesta —la misma— para Quirones y Prometeos?…..

Me lo quito de un plumazo…..

Y me pongo las canciones: Barrios de Valladolid Itsasoa Gara    (traducción) Esta tierra  

 Resistiré, el himno; El pino

Solo me queda el recuerdo…

NOTA 1: Los latidos de esa mente, por Javier Marías

NOTA 2: Épica del cuidado por Irene Vallejo. Nunca olvides que los primeros pasos de nuestra civilización fueron los de un hombre a punto de derrumbarse, con un anciano a las espaldas y un niño de la mano.

NOTA 3: Novela histórica y epidemias: el espejo de la vida por Emilio Lara

NOTA 4: La mirada del espejo, por Irene Vallejo. El capitalismo funciona inoculando el virus de la esquizofrenia, la obsesión por ser otros, más fascinantes que la imagen de nuestro espejo. Hasta que, de pronto, la vida nos descubre que nuestros cuerpos son frágiles y vulnerables. En un mundo que conspira para que desees ser la copia de alguien que no existe, lo heroico es ser quien eres.