BODEGÓN EL VILLAR EN LAGUNA DE DUERO

Me preguntan por qué es distinto, entre tantos lugares de celebración este remanso de intimidad. Simplemente, por eso: íntimo, estás en casa. Sabes que Arturo y Yoli te dan ese acercamiento, la cálida acogida de llegar al hogar tras una dura jornada.

Me acordaba de las dos parábolas. La multiplicación de los panes y los peces y las bodas de Caná. Esta es la sensación que deja antes, durante y después. Si llevas invitados no te van a defraudar. Con ganas de comer se multiplican las viandas por doquier.

Los mejores asados en un horno de los de toda la vida, pero con cariño y fundamentos clásicos. No busques extravagancias: al pan, pan y al vino vino. También tienes esos menús de cuchara que durante la semana te hacen marcar en el calendario culinario una reserva imprescindible.

Para rematar los postres: ya has comido y regado el gaznate con estupendos caldos. Llega mi perdición, caseros. Simplemente me dejo aconsejar.

Y ya cuando son las tantas, el tiempo dicen que aquí se para, te has dado cuenta que sales relajado, con ganas de comerte el mundo. Será, quizás por el último espirituoso o simplemente por eso que llamamos disfrute en buena compañía. Te dices una vez más: ¡qué sencilla es la vida, cuan cerquita tenemos estas pequeñas cosas que nos hacen disfrutar!

Pues eso date una vuelta por el Bodegón. Ya nos contaréis.

Para muestra un botón: en este caso una familia en plena celebración. De los ojillos brillantes, ¡voto a Bríos!, es un reflejo luminoso del local, ¡eh!. No seáis mal pensados que os conozco.

Para saber dónde está, cómo acceder, o si quieres llamar y concertar con ellos una agradable experiencia pincha aquí. 

Y con esta charleta creo que contesto a la cuestión: “lo que necesito para ser feliz.”