Para dar explicaciones a las buenas o malas obras, en ocasiones, se recurren o recurrimos a referentes. También va en ello nuestra próxima lectura para corroborar lo que nos están diciendo. Si bien resultan sospechosas ciertas alusiones en páginas literarias (véanse los propietarios multimedia para certificar y diferenciar entre publicidad, comentarios o noticias; y calidad literaria) me parece muy acertado el artículo de GUSTAVO MARTÍN GARZO. Donde voy a señalar algunas de sus claves:

  • Jamás contestes a una mala crítica, tal es el consejo que Truman Capote da a los escritores.
  • Andersen tuvo un extraordinario éxito en su vida de escritor y era recibido en todas las cortes europeas para que leyera públicamente sus cuentos. Pero se cuenta que soñaba con tener éxito como dramaturgo.
  • “La palabra humana —escribe Flaubert— es como caldera rota en la que tocamos música para que bailen los osos, cuando querríamos conmover a las estrellas”.
  • W. H. Auden solía decir que criticar un libro malo no solo era una pérdida de tiempo sino también un peligro para el carácter. “Si un libro me parece realmente malo, entonces el único interés que puedo tener para escribir sobre él es la exhibición de mi inteligencia, mi ingenio y mi malicia. Es imposible que alguien reseñe un mal libro sin pavonearse”. Auden también decía que no necesitaba el consejo de nadie acerca de lo que le debía gustar o no, ya que solo suya era la responsabilidad de sus lecturas.
  • George Steiner dice que la literatura es un vendaval que se cuela por la ventana y nos desordena la casa.
  • Flaubert: “Los que se llaman ilustrados a sí mismos acaban siendo cada vez más ineptos en materia de arte. Se les escapa incluso qué cosa sea el arte. Para ellos son más importantes las glosas que el texto. Les interesan más las muletas que las piernas”.
  • Recuerda a esas mujeres neurasténicas que pueblan la obra de Tennessee Williams, con sus torpes ensueños, su temor al fracaso, pero también, a menudo, con su maravilloso candor. Esas mujeres cansadas y un poco lunáticas, que aunque han asistido una y otra vez al fracaso de sus sueños no pueden renunciar a ellos. “Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”, dice la inolvidable protagonista de Un tranvía llamado deseo.
  • Confiar en la bondad de esos desconocidos que son los lectores que alguna vez llaman a su puerta.
NOTA 3: El misterioso valor de la lectura por Amando de Miguel
NOTA 5: Leer sin orden, por David Jiménez Torres