No hace mucho leía que había una serie de grandes millonarios que pedían que se subieran más los impuestos. Y yo no lo entendía. ¿Quién niega que cualquiera pueda pagar todos los impuestos o donaciones que quieran?. Pero cuando alguien quiere que otros paguen  o que todos paguemos… Algo no funciona. Alguien me quiere meter la mano en mi bolsillo.

Por eso en este artículo, quizás, me viene a cuento:

Es esencial hacer estas distinciones. El globalismo económico trae riqueza. El globalismo político trae pobreza.

El globalismo económico se trata de sacar al gobierno del camino. Se trata del laissez-faire, de no hacer nada y de promover la libertad de innovar, comerciar y asociarse libremente con otros.

El globalismo político, por otro lado, se trata de control, reglas, planificación central y coerción.

Algunos observadores descuidados pueden agrupar todo esto y declarar que el «globalismo» es algo maravilloso. Pero cuando prestamos un poco más de atención a los detalles, las cosas no están tan claras.