ROMPIENDO MITOS:

Es curioso leer una serie de entradas con las cuales uno se sienta confortable. Cuando hablo con cierto tipo de personas, lo primero que me viene a la mente, es decirles que rompan con sus ideas preconcebidas y partan de cero. Eso sí, que sepan muy bien dónde dejan los trozos por si tienen que volver a recurrir a ellos.

Pues bien: esto va de mitos. La RAE, da cuatro significados.

1. m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. 

2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de  la condición humana. El mito de don Juan. 

3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima.

4. m. Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene. Su fortuna eco-nómica es un mito.

En este caso me voy a quedar con la definición 4.

En la primera entrada de FÉLIX ALBERTO SANZ se habla de la empatía. Pues bien, a todo el mundo le gusta ser muy empático. Aquello de te entiendo perfectamente, sé lo que sientes, yo pasé por lo mismo. La conclusión es demoledora: nadie “entiende” al 100% lo que otra persona siente. Rompe el mito. Tendremos que hacer por entender, pero no avasallemos.

En la segunda parte se habla de aquello: “puedes ser y hacer aquello que quieras ser, solo has de proponértelo con firmeza”. Otro trasto más a la basura. Por supuesto que es importante el esfuerzo, la constancia, el trabajo, la dedicación, … Incluso la suerte. Pero no nos olvidemos de nuestras limitaciones, las físicas, las intelectuales, los medios, el entorno. En definitiva, realistas con tesón. Sobre todo, no nos engañemos, no echemos la culpa al empedrado, ni busquemos excusas, ni pensemos que las uvas no están maduras. Sensatez si acaso. Pero también, en caso de duda, intentémoslo, es mejor saber que no lo hemos conseguido que quedarnos con la duda de aquella frase de “que hubiera sido si…”

En la última entrada la frase que cobra mucha relevancia en nuestros días y que yo mismo la digo y la significo: “lo que no se puede medir no existe”. Reconozco que una de mis máximas en determinados momentos es siempre recomendar que escribamos todo aquello que pretendamos realizar. Igual, en ciertos momentos se confunda la escritura con la medición de aquellas expectativas o deseos, objetivos. Cada cosa, como en la cocina, con sus ingredientes. La metodología que apliquemos puede llevarnos a conclusiones, o toma de decisiones que no sean las que perseguíamos. En este caso se habla de pasión, de sentimientos, de esfuerzos, de tiempo dedicado a medir resultados más que a su observación. Claro que existen muchas actividades, situaciones; cuya fuente o herramienta es difícilmente cuantificable. Pero no nos olvidemos nunca de las consecuencias de todo aquello que decimos que no es medible. Máxime si supone tomar decisiones como la asignación de recursos escasos para diferentes actividades. A veces reconozco que es difícil, claro. Pero para eso está la intuición y la experiencia. Pero también la actitud imprevisible de las personas. No confundamos las herramientas con los objetivos que buscamos, ni tampoco, una vez más, gastemos esfuerzo en poner puertas al campo, o intentar, medir o prever los sucesos que no lo son por sus características (¿cuáles son esos?). Ahí reside el talento amigos.

Para terminar con esto de los mitos me voy a quedar con la última entrada del señor Pérez- Reverte. Sí amigos la humildad. Pues, sí. Alguien, parece ser, que quiere acabar con él. Siempre existe en este nuevo mundo alguien que sabe de aquello que necesitas, por supuesto más que tú y yo. Con la lectura se explica por sí solo. Me quedo con aquello de:

«Te pasas la vida leyendo a Homero, Herodoto, Jenofonte o Plutarco, y luego empleas dos o tres años de tu vida en trabajar con todos esos libros abiertos alrededor, para que al final juzgue tu obra un pobre hombre que sólo ha leído Sinuhé el egipcio».

NOTA 1: Los mitos de las promesas del AÑO NUEVO, por Juan Manuel de Prada

NOTA 2: Una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional por Howard Gardner