Basándome en el siguiente artículo:

  • Podemos clasificar como «mentiras» actos comunicativos muy diferentes.
  • Es nada más y nada menos que un acto de habla, un juego de lenguaje. La mentira puede incluso describirse como un «arte». Sólo en un segundo paso se plantea la cuestión de si la mentira se convierte en un problema y en qué condiciones.
  • Con vehemencia y amplitud contra cualquier excusabilidad de la mentira, aunque con ella se pudiera evitar un gran daño.
  • La veracidad no pertenece a las máximas de acción de un ético de la responsabilidad, si esto lleva a consecuencias problemáticas en el caso concreto. 
  • Una ética absoluta podría sugerir que “cualquiera” debe publicar documentos que le incriminen en el sentido del deber de decir la verdad.
  • La mentira y el secreto podrían ser, pues, ordenados, y la veracidad y la apertura irrestricta, a su vez, irresponsables.
  • El “individuo” puede enfrentarse a la situación de tener que equilibrar valores morales contrapuestos. Y entonces puede ser que la mentira tenga un valor moral más alto.
  • En determinadas circunstancias, las mentiras pueden estar justificadas, por ejemplo, si evitan un daño considerable. Pero mientras que la mentira sistemática es lo propio de una dictadura, una cultura de la mentira puede convertirse en un problema sustancial en una democracia. No sólo porque una buena política debe basarse en hechos para evitar tomar decisiones equivocadas y perjudiciales. Además, la mentira política está en contradicción con varios elementos democráticos fundamentales: Confianza, control y transparencia.
  •  Las personas representadas deben confiar en que los administradores aporten sus intereses de forma efectiva al proceso político. La confianza se alimenta de la credibilidad asumida.
  • La sensación de que se miente daña la cultura política y pone en peligro la estabilidad de la democracia a largo plazo.
  • Cuando se llevan cuentas falsas, cuando se niegan responsabilidades, cuando se hacen declaraciones deshonestas, cuando el personal político no tiene que rendir cuentas adecuadamente, en definitiva: sin transparencia no puede haber control.
  • Una mentira sólo funciona si se puede encontrar gente que se deje mentir.
  • Sí, me refiero a la escuela, donde la neutralidad y la motivación en la formación de criterio propio deben volver a ocupar un punto central del desempeño educador.
  • En cualquier caso, desarrollar una cultura de la honestidad en estos tiempos «posfactuales» es un proyecto de gran envergadura. Pero es la única labor que puede evitar que la «era posfactual» se convierta en una «era post-democrática».
NOTA 1. La alienación de las masas, por Carlos Mayoral
NOTA 2: Ingredientes de una papilla ideológica, por Pablo de Lora