LA CASA QUE NUNCA SERÁ

Ya sabéis que a veces, la tristeza me invade, sin más. Y la culpa la tienen mis pensamientos o, simplemente lecturas. Que por más razonables que parezcan me hacen pensar aquello de qué puedo hacer yo para remediar esto.

En este caso va camino del respeto de nuestra cultura, nuestro idioma. Me saltan unas cuantas cifras. El artículo 1.300 en XLSemanal de don Arturo. El barrio de las Letras de Madrid, lugar mítico donde, en pocas calles, vecinos unos de otros, odiándose como españoles, volcando en filias y fobias su talento y su grandeza, Quevedo, Lope de Vega, Góngora, Calderón, Cervantes y otros autores vivieron y murieron durante el Siglo de Oro, el más fecundo y asombroso de nuestra cultura. 22 academias hermanas. 550 millones de hispanohablantes.

Pero nunca hay recursos suficientes, o no los sabemos obtener. Faltan mecenas, o sobran otras diversiones. Me cuentan, como siempre que los primeros pasos nunca son difíciles, lo malo es, luego, continuar con lo construido. Seguir con el mantenimiento de lo construido. Se necesitan sueldos permanentes, presupuestos de gastos sin ingresos. En fin. ¿Algo que no sepamos o que no hayamos visto?

EL SENTIDO DE LA VIDA

SERENIDAD, para entender aquellas situaciones que no podemos controlar y resolver

PACIENCIA, para conseguir aquellos hechos que podemos controlar y resolver

SABIDURIA, para saber distinguir en cuál de las dos situaciones anteriores estamos

SANGRE FRIA para poder tener claro que no podemos controlar y resolver todos los problemas de todo el mundo, incluidos los nuestros.

Estaba viendo una película y dos protagonistas intercambiaban una serie de comentarios sobre la forma de ser: uno y otro. El que parecía menos preparado le comenta al otro los cuatro puntos anteriores. Siempre le veía al otro preocupado, irascible, enfadado con el mundo; no disfrutaba de la vida. Incluso parecía que lo tenía todo. Le faltaba, simplemente, pararse, reflexionar, dar un vistazo a su mundo, salir de sí mismo, verse desde fuera. Y saber, realmente qué quería en realidad.