LA EMPRESA HUMANISTA Y LA FILOSOFÍA

Es curioso ver cómo hemos pasado, sin darnos cuenta, a no pensar en determinadas asignaturas de nuestra educación como partes esenciales de nuestra formación educativa, por no considerarlas útiles de cara a optar a un puesto de trabajo.

Por eso me ha llamado la atención leer que uno de los grandes ejecutivos actuales dedica dos horas de clases particulares de Filosofía.

Javier Gomá y José Ignacio Goirigolzarri ligan competitividad y humanismo

Veamos algunos argumentos:

En todo este conglomerado resulta imposible obviar el papel de la transformación científica y tecnológica, que ha convertido muchos imposibles en factibles, y en ocasiones, trastocado ideas humanistas que hasta la fecha eran innegables.

Abordar muchas de las ideas que engloban al humanismo se ha convertido en una difícil tarea: en qué ha quedado esta corriente, qué le depara, dónde puede aplicarse… Pero quizá, más difícil aún es intentar introducirla en el mundo de la empresa, aunando dos dimensiones que tradicionalmente han entrado en conflicto, como son la competitividad y el propio humanismo.

Hoy ser culto no consiste en guardar en la memoria infinidad de datos e información, sino en tener conciencia histórica.

“Vivimos en una sociedad igualitaria, donde no caben los discursos autoritarios y jerárquicos del humanismo tradicional. Solo existe un pueblo: la humanidad. Y solo existe un principio: la dignidad”.

“Yo entiendo la competitividad en cualquier proyecto, incluido el empresarial, como su capacidad para ser sostenible en el tiempo”

Quizá, la mayor de ellas sea la dignidad de las personas, “el sentimiento más transformador de la historia de la humanidad.

La autoestima, en opinión del filósofo y ensayista, es lo que molesta. Estorba al exceso de competitividad, al intento de producir a cualquier precio, a convertir a las personas en solo máquinas. Por eso, de la misma manera que, a día de hoy, puede ocurrir que algo sea posible científicamente, pero no humano, puede darse el caso de que algo factible en la empresa carezca de ese aprobado humanista.

“Una empresa es un mosaico de derechos, de obligaciones y de principios”

No hay que respetar a una persona porque sea rentable, sino porque es una persona”.

La implicación de los profesionales y a un objetivo que dependa de absolutamente todos los miembros del equipo.

El respeto, aseguró este banquero, es una forma de gestión coherente con la propia competitividad del mercado.

Decía el novelista ruso León Tolstói que es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios.

“Llegado el caso, te puedes equivocar en la aplicación de un principio concreto, pero no en ese principio en sí”

 “Porque solo el ejemplo legitima el liderazgo. Alguien no está motivado por escuchar un discurso cada seis meses, sino por lo que ve en su día a día. Para que una empresa esté bien dirigida, lo que necesita es ser un vivero de líderes”.

Si ahora queremos encajar los aspectos de productividad y humanismo con libertad, responsabilidad, ciencia y nuevas tecnologías; por aquello de ahondar en algún equilibrio más Antonio Escohotado en su artículo “Internet y nuestro vacío” nos deja, entre otras estas reflexiones:

Una democracia semidirecta está ya al alcance de la mano, sencillamente no confundiendo ese cauce de autogobierno con propuestas como abolir la existencia de impuestos o multas de tráfico. Olvidando que el cuerno de la abundancia es tan mitológico como el unicornio, tiempo atrás se ensayó la idea de enriquecernos expropiando a los ricos.

LOS SUIZOS, que desde 1291 coordinan referendos locales y confederales, son el país menos necesitado de internet para promover la supervisión popular, porque su clase política sencillamente no existe si se compara con Europa meridional y la propia Norteamérica. En el ámbito latino, el saqueo perpetrado por los administradores está pendiente de que los administrados opten por empezar a barrer la casa propia, prefiriendo ellos mismos el dinero A. Se diría que los protestantes aprueban esa asignatura en mayor medida, tras dejar de creer en el perdón ofrecido desde confesonarios por fuerza indiscretos.