LA EMOCIÓN ARTIFICIAL: ¿Y LA RENTA BÁSICA?

Quizás estemos en unas fechas propicias para los buenos deseos. Ayer intentaban explicarme la bondad de una retribución mínima vital por el mero hecho de nacer. La explicación era, simplemente, el punto final a un desarrollo tecnológico tal que permita al ser humano disponer de recursos suficientes para desarrollarse como persona.

En el artículo surgen una serie de ideas que pueden servir de punto de partida:

  • Por eso, de lo que más se discute ahora no es de los posibles riesgos inherentes a este salto tecnoevolutivo, sino de cómo nos vamos a repartir la tarta.
  • Los trabajadores comienzan ya a reivindicar la renta básica universal y siguen con expectación la prueba piloto que se está realizando en Finlandia, en la que 2.000 personas reciben un sueldo de 560 euros al mes por el hecho de haber nacido. Un privilegio que hubiera puesto de los nervios al Segismundo de La vida es sueño, ya en el primer acto de su representación.
  • Aunque sin preguntarnos en ningún momento si dicha capacidad es realmente algo positivo.
  • Hablamos mucho de la inteligencia artificial y muy poco de la emoción artificial. Sin embargo, la tecnología es una oportunidad que deberíamos aprovechar para desarrollar la parte menos evolucionada de nuestra especie. Porque lo cierto es que si nuestra capacidad racional se ha desarrollado de forma espectacular durante los últimos milenios, la parte emotiva sigue prácticamente estancada en sus orígenes.
  • ¿Realmente nos interesa crear robots que compartan nuestra potencialidad de odiar, temer o nuestro deseo de venganza? ¿Tan orgullosos nos sentimos de la condición humana que somos capaces de perdonarnos todas las atrocidades cometidas en nombre de los sentimientos? Y, sobre todo, ¿no sería finalmente un salto evolutivo crear una primera emoción artificial sin esas ataduras que tantas veces nos han llevado al abismo?
  • Y para demostrar que ese riesgo existe, no tenemos más que que echar una ojeada a los grandes conflictos que generamos los humanos el pasado siglo.
  • Las tres leyes de la robótica escritas por Asimov. Tal vez son esas leyes, con muy ligeras modificaciones, las que deberíamos aplicarnos a nosotros mismos tras el cambio que se avecina. Eso sí que sería algo realmente singular en el desarrollo de la especie humana.

Pero a mí siempre me asalta las dudas de quién y cómo se fijan las necesidades y sus cuantías: los seguimientos, los controles; dónde se refleja la libertad de los individuos. En fin todo aquello que de momento nos aqueja a la mente humana. ¿ O es que también se trata de que la ciencia llegue a controlar las emociones, incluida la propia gestación, la educación, el adoctrinamiento.? En fin la Literatura nos ha dado y sigue dando muestras terroríficas de lo que podemos llegar a ser. Y la Historia y la realidad nos dejan las huellas del Monstruo Humano. Eso sí todo por nuestro bien. O es que todavía no hemos llegado a comprender esa Arcadia feliz.