En primer lugar quisiera pedir disculpas a los seguidores de este fortín de dimes y diretes por poner el citado artículo en OCIO.
Tengo que decir que me ha costado decidirme, pero al final, de tanto pensar simplemente me queda dar las gracias. Sí es muy fácil, simplemete podéis ver a todos aquellos que sigo en Twitter. Para mí ser seguidor no significa comulgar con ruedas de molino. Simplemente establezco mi baremo de confianza. Ya sabéis aquella que cuesta dios y ayuda conseguir, pero se pierde en un instante.
Otro pequeño secreto a desvelar es mi vocación flustrada por ser maestro, enseñante, compartir saber y recibir anhelos. Siempre me encontraba con que no estaba suficientemente preparado, o bien me fijaba en mis mentores y no les llegaba a la suela de los zapatos. Eso me parecía a mí. Acercarme a ellos me parecía una osadía, qué pensarían si yo suspendía su examen, ¿era yo un trepa, buscaba el peloteo o subir nota?. Siempre daba un paso atrás. Con el paso del tiempo uno descubre, que en el fondo, es un tímido disimulado. A veces, pienso que son mis excusas para no realizar el esfuerzo necesario de apretar el acelerador en aquello que realmete te gusta y disfrutas con ello.
Vamos al grano. Aquí se trata de dar respuestas a la situación del aprendizaje. Como siempre tengo que recurrir a mis lecturas y mis inspiradores.
Don Antonio Muñoz Molina, en este caso, me lo ha dejado en bandeja. Creo que es IMPRESCINDIBLE leer su libro: “Todo lo que era sólido”.
Como siempre me pasa me gustaría resumirlo en veinte líneas. Destriparlo, poner el principio, el desarrollo, el final. Amigos se trata de un ensayo, nuestro tiempo, 50 años a buena pluma. Los que estamos viviendo este tiempo y hemos seguido su obra quedamos inmersos en nuestra butaca intemporal. A mí, personalmente, el sentido de la frase: “Lo que podía haber sido y no fue” me gusta más como lector en el desarrollo de la obra. Os dejo este enlace que resume el ensayo.
Yo qué aporto. Sí, analizo. Ahora voy a trabajar por ese pequeño oasis, el que quiera que se suba al carro, o que me ponga ejemplos y futuro. No basta eso está mal, muy mal. En fin vuelve mi timidez, ya no tengo mentores a los que emular. Los genios con talento me vuelvel a tapar las salidas.
Triste y cuitado que vivo en esta prisión… solo las lecturas me dejan mi libertad, mis pensamientos. Ellos cuando me quiero dar cuenta me han robado las ideas. Aquí os dejo el enlace de DON ANTONIO, en ese homenaje a aquellos que sí son MAESTROS. Prestad atención especial a las dos notas internas, si no somos capaces de PENSAR diez minutos, me bajo en la próxima.
Amigos como siempre a vuestra disposición


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