Magnífico artículo de don Antonio haciendo referencia al libro: El silencio de los animales. John Gray. Sexto Piso. 2013. 178 páginas. 17 euros.
Para no perdernos detalle:
Desde hace muchos años, John Gray se dedica a una diatriba encarnizada contra la idea sobre la que se sustenta el edificio entero de la modernidad, la idea o el mito o la superstición del progreso, que a su vez está conectada con otro malentendido, a juicio de Gray todavía más insensato, el de la capacidad de los seres humanos para dejarse guiar por la razón.
Uno se considera a sí mismo progresista porque cree que los seres humanos, emancipados del conformismo de la tradición y de sus guardianes oscurantistas y en su mayor parte eclesiásticos, pueden superar la ignorancia y la injusticia, y organizarse en sociedades en las que la vida pueda ir siendo cada vez mejor, y en las que quede desacreditada y se vaya apagando poco a poco la idea religiosa de que solo en el otro mundo y con el fin de los tiempos quedarán remediados los sufrimientos y las infamias. Nada despierta más vivamente el sarcasmo de Gray que esa autosatisfacción progresista o modernizadora, que no es la refutación de la creencia religiosa, sino una más de sus variantes, la máscara secular del cristianismo y de su promesa de una futura plenitud que traiga consigo la salvación universal.
Está claro que la historia no avanza en la dirección salvadora de los cristianos, ni en la de los marxistas, ni en la de los creyentes en la felicidad del consumo global: pero a pesar de John Gray y de todas las calamidades que no han dejado de sucederse a lo largo de los siglos creo que no es inverosímil la convicción de que las cosas pueden ir gradualmente a mejor para la mayoría de los seres humanos.
Paralela a la idea del progreso es la de la satisfacción ilimitada e inmediata de cualquier apetencia: Gray celebra el ideal antiguo y adulto de la moderación, la heroicidad menor de no dejarse llevar ni por los propios impulsos ni por la corriente colectiva. En el fondo, lo que está proponiendo, sin decirlo del todo, es una actitud de contemplación y digno retiro.
Seguramente viendo estos pequeños retazos pensemos que la realidad se puede manejar conforme a los intereses de quienes la capitanean. En mi opinión, ni blanco ni negro, cada momento busca el equilibrio de aquellos que manejan la situación para defender sus propios intereses. Y por supuesto que no dudarán en poner por delante, como pretexto, ni al individuo o a Dios; la cultura o la razón, los pueblos o las banderas, las razas o el progreso. En definitiva en busca de la educación con un poco de manipulación para que mi bolsillo siga repleto y el pesebre rebosante.


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