LOS PROBLEMAS GENERADORES DE CONFLICTOS

Gracias al artículo de Raimon Samsó en EL PAIS SEMANAL vamos a señalar una serie de conceptos que nos ayuden a entendernos: tanto a nosotros mismos, como a los demás. Y nos daremos cuenta que las relaciones en sí mismas no generan problemas, ni crisis, ni conflictos. Seremos nosotros mismos, con nuestras caretas postizas, con nuestros auto-engaños, con nuestra hipocresía; pero sobre todo por la falta de interés de aceptarnos y aceptar a los demás como son o quieren ser. Veamos, pues, lo que puede ser un punto de partida.

  • Las relaciones son difíciles. ¿Pero nos hemos mirado en nuestro interior?. Veamos nuestro interior, nuestras creencias, quizás estemos gobernados por anteojeras, corazas del YO, sin un más allá que arraigue un conflicto antiguo no resuelto, sufrimiento.

  • Las etiquetas nos las ponemos día día, y las ponemos por la convivencia o conveniencia del uso. Somos incapaces de reflexionar los posibles motivos de disgusto o falta de aceptación. Es así, siempre ha sido así. ¿Por qué tengo que cambiar yo y no el otro?. Seguramente necesitemos adaptarnos conjuntamente, entendernos, buscar puntos comunes y eliminar todo aquello que nos separa, o simplemente aceptarnos como somos.

  • Seguramente pensemos que la mejor forma de solucionar un conflicto es eliminar el problema que lo genera. Pero sería tanto como pensar que somos seres sin relaciones. Vamos que la mejor forma es renunciar a nuestro carácter social, renunciar a la forma de trabajo e equipo. Pero como bien acaba el artículo:

    Sin duda, el problema reaparecerá, esta vez en otro lugar, en otro momento y con otra persona. Solo resolveremos estas cuestiones si dejamos de juzgar y criticar, si aceptamos a los otros tal y como son, sin ningún deseo de cambiarlos, ni siquiera por su bien.”

Un ejemplo real que nos distingue en nuestra Historia, respecto de la aceptación y los conflictos nos lo pone día a día en sus escritos el académico y escritor Arturo Pérez-Reverte. Para muestra su artículo en el XLSemanal

  • Volvemos de nuevo a encasillarnos. Hace honor al título o estás conmigo o contra mí.

  • Vemos infinidad de situaciones: el vecino, los equipos de fútbol, las tendencias políticas o religiosas, los localismos, reuniones familiares, el trabajo,…

    Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una algo propio…Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Crimen. Provocación.

  • Pone el dedo en la llaga.

    «Preparemos al niño español para que se defienda de sí mismo. Eduquémoslo para que conviva con el hijo de puta que siglos de reyes, obispos, mediocridad, envidia, corrupción, violencia, injusticia, le metieron dentro»

  • Vemos que la educación y la CULTURA, pueden ser un buen punto de partida. Pero no pensemos que es fácil. Tendremos que pasar por todas estas etapas que, quizás, nos dejen exhaustos. Y estará en nosotros, al final, decidir, si merece la pena. Sin embargo, no busquemos excusas. Ese victimismo, la culpa del empedrado, pueden esconder una mediocridad y una forma de vida fácil y llena de resentimiento. Personas llenas de rencor, tristes, sin ilusión, poco empáticas, corazones emponzoñados por la manipulación continua en busca de intereses bastardos. Don Arturo nos habla de su Biblioteca. Yo veo que a pesar de todo, somos y hemos sido enormemente eficientes. Lo demuestran toda la obra que nos rodea: desde Literatura hasta el Arte, descubrimientos científicos, acontecimientos. Y si bien el latín se vio engullido, tenemos una lengua común que la hablan unos millones. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Pues eso si tenemos más que nos une que nos separa: ¿por qué gastamos tanta energía en el yo tuerto pero el otro ciego?

Para terminar vamos a poner una herramienta que nos da Eduard Punset en su artículo del XLSemanal: ¿En algún momento se podrán ver los sentimientos?

Os imaginás, en el tema que tratamos, si fuéramos capaces de tener presentes todas las cartas boca arriba. Eliminadas triquiñuelas, hipocresías, falsas verdades,..

Cuenta, maravillosamente, el estado de la queja, lo que piensan los demás de uno. El mono, el oso, el lobo, el gallo; todos en el descontento continuo.

¿Y los humanos con nuestra mochila?

Los humanos llevaban una mochila en la espalda donde habían guardado todos sus sentimientos y lo que les pasaba por dentro. Los humanos al igual que el resto de los animales, solo veían lo que les pasaba a los demás y, sobre todo, fuera de ellos mismos.

Hasta hace muy poco tiempo, éramos lo más parecido que puede haber a los crustáceos: del cuello para arriba éramos idénticos porque la mente estaba dentro y por lo tanto no la veíamos, no sabíamos nada de ella, y en el exterior estaba la calavera o la nuca para que todo el mundo la viera y comprendiera.

Como los animales, llevamos una ‘mochila’ en la espalda con todos los sentimientos y solo vemos lo que está delante nuestro. En los próximos veinte años todo esto va a cambiar radicalmente. Vamos a poder ver lo que todo el mundo lleva en la mochila y se lo vamos a poder contar para que se de cuenta. Por primera vez, vamos a saber lo que nos conviene y lo que es preciso olvidar para siempre. Dejaremos de ser mochileros.

Me queda, para terminar: cojo mi papel y mi lápiz. Y sin remedio a ponerlo en práctica. Y ya sabéis que la inspiración y las musas nos pillen en el trabajo y el esfuerzo, dejando constancia de ello. Las palabras se las llevará el viento. Y el papel todo lo aguanta, ya.

Y como dice Javier Cercas en “Vivir fuera”…  No somos tan diferentes.