EL DROMEDARIO, EL GALGO Y EL COMITÉ.
O lo que yo llamo: disuelve la responsabilidad, para el por si acaso.
Un excelente artículo: “El trabajo en equipo está sobre valorado” por Gabriel García de Oro. Donde nos señala, para mí, las siguientes partes importantes, con unas excelentes referencias.
Las virtudes del brainstorming: tiene sus reglas y, en cierta manera, funciona. Pero no tanto como para convertirlo en la única herramienta creativa.
“Décadas de investigación han demostrado que los grupos de brainstorming piensan menos ideas que el mismo número de personas que trabajan solas y más tarde ponen en común sus impresiones” -Según Keith Sawyer, psicólogo de la Universidad de Washington-
“Si tienes en la empresa personas con talento y motivadas, debes alentarlas a trabajar solas cuando la creatividad o la eficiencia es la más alta prioridad” -Adrian Furnham, psicólogo organizacional,-
“La típica aula tiene un montón de escritorios, con cuatro, cinco, seis o siete niños mirándose entre sí, participando en incontables tareas de grupo. Incluso en materias como matemáticas y escritura creativa, que podrían considerarse espacios de pensamiento solitario, ahora se espera que los niños actúen como miembros de un comité”. -Esto es lo que denuncia Susan Cain-
Existe una sentencia que corre por los departamentos de diseño que asegura que “un dromedario es un galgo creado por un comité”. -Se atribuye a sir Alec Issigonis-
Notas de estudio en el artículo:
La negociación: Así, poco a poco, ese galgo diseñado para correr y con una excepcional belleza aerodinámica se va transformando en un robusto camello capaz de aguantar días sin beber. Pero esa no era la idea.
Miedo al error: Cuando ya se ha negociado, se diluye la responsabilidad. Cuando ya se ha negociado, se diluye la responsabilidad.
El silencio: Se ha negociado, se ha diluido la responsabilidad y se ha perdido la esencia de esa buena idea, y sin embargo todos callan,
Tomar distancia del problema que queremos resolver: “Datos, datos, datos, necesito datos. ¿Cómo puedo hacer ladrillos si no tengo arcilla?”. -Como decía Sherlock Holmes-
Explorar alternativas, por absurdas que nos parezcan: Nosotros mismos ya veremos cuáles de ellos merece la pena mantener como candidatos a “idea genial” o cuáles no.
Anotemos las soluciones que hayamos ido seleccionando como posibles buenas ideas: Escribir las ideas que ya tenemos nos llevará a tener más ideas, se activará la escritura creativa.
Decidamos entre todo el material recopilado: Si no funcionan, si no las ve, las mata. Para ello debemos tener coraje, valentía, y saber que, si nos equivocamos, habremos aprendido algo que aplicaremos en el próximo desafío.
Compartir con los demás: Al exponer una idea a una persona de confianza, a veces vemos su potencial o nos damos cuenta de que no suena tan bien como lo hacía en soledad. También es muy posible que el otro aporte un punto de vista que enriquezca la idea.
LA DECISIÓN: Pero, sea como sea, deberemos, en última instancia, decidir nosotros. De lo contrario, es posible que acabemos convirtiendo ese precioso galgo en un dromedario que no satisfaga a nadie.
NOTA 1: ¿Actuamos igual solos que en grupo? por Lola Morón


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