EFICIENCIA: ¿público o privado?

Otro caso verídico. Pasa que mi amigo Manilo tiene que presentar un documento  a un servicio público. La verdad, iba tarde, como siempre. Pensaba que ya se podría presentar por algún correo electrónico o dejarlo en una página web. Pero no: o entrega en mano con el correspondiente sello o por fax.

Como dato relevante el último día era sábado. Por lo tanto olvídate de llevarlo en mano. Pues nada lo mejor el fax. Intenta hacerlo con pericia directa con su ordenador, pero le falla. Su impresora tiene otro problema. Por lo tanto pasa la información al socorrido “pen drive”.

Una oficina de Correos le pilla cerca. No pueden hacer nada: ellos no admiten elementos externos en sus ordenadores. Nos tienen que traer las páginas impresas y lo enviamos. Le dice que el coste sería, aproximado de 7 euros.

Pues nada, conoce otra tienda de barrio cercana, le expone su problema. Mira yo este servicio no lo tengo pero un poco más arriba seguro que te lo solucionan. Da calle y número. Se acerca y una empleada de lo más eficiente, coge el soporte, lo imprime y lo envía. Charlan un rato en espera de la confirmación del envío. Atiende a otro cliente que acaba de entrar. Cambian impresiones otro poco los tres. Sale el justificante. ¿Cuánto se  debe, dice Manilo? 2, 40 euros. Gracias y adiós.

Mi amigo se pasa por el primer establecimiento para dar las gracias y decirle que efectivamente su recomendación ha dado con el resultado esperado. Ya aprovecha para preguntar el precio (piensa que en un futuro pueda dar él este servicio, quizás).

Seguimos dando nuestro paseo habitual. Callamos un rato. Nada nuevo bajo el sol suspira mi amigo. No seas malo que te conozco.

NOTA 1: Más de 15 millones viven de la ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

NOTA 2: DIEZ IDEAS PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN ENTRE CIENCIA Y POLÍTICA