Simplicidad eficiencia: ¿es fácil emprender?

Estaba leyendo, una vez más, al profesor Rallo. ¿Tiene razón? Claro, todos tenemos nuestra parte de razón. Lo malo es que los zapatos aprietan según el pie al que calcen.

Los emprendedores, al menos con los que trato, o bien se enfrentan a la burocracia cuando quieren iniciar sus aventuras; o los establecidos, se aburren o sumergen  en ella una vez establecidos.  Pero no tiene nada que ver con aquellos sujetos que son la causa de sus sudores. La mayoría de las veces la lucha pasa de departamento en departamento o de pestaña a pestaña. Se confunde digitalización con eliminación de burocracia. Lo que se quiere, primero, es que se elimine la burocracia, después ya veremos cómo lo hacemos ágil.

Ya no hablo de si somos grandes o pequeños negocios, ni siquiera del tipo de negocio; simplemente de aprovechar un único punto (por favor no me hablen de las ventanillas únicas con los correspondientes negociados). Ni siquiera los organismos de Hacienda y la Seguridad Social utilizan conceptos estándar y que la información se duplique en las correspondientes altas o modificaciones. Ya no digo nada cuando empezamos a navegar en las corporaciones locales o comunitarias. Depende de urbanismos, de medio amientes, seguridad,… Tiempo, tiempo. Modelos a rellenar, libros oficiales imprescindibles…

En el artículo aparen índices: libertad, transparencia, productividad,… Ya no quiero pensar si nos acogemos a otros índices que aparee por ahí: pobreza, desigualdad,…

Pero me sigo haciendo la misma pregunta: ¿para qué tanta burocracia? Nos dicen que es el ciudadano su objetivo. Creo que no. Simplemente afán recaudatorio. Otros afirman que si no tenemos controles esto sería una jungla. Pero ahí está un índice que no falla, cada vez más los organismos públicos generan más legislación y, por supuesto, más presupuesto y más déficit.

No quiero terminar, sin dar las gracias a los responsables individuales de la gestión de esta burocracia. Ya sé que tienen medios escasos, recortes, compañeros que no cumplen, jefes políticos que no saben, incluso ciudadanos cautivos que no tiene más remedio que ir a su correspondiente servicio. Pero por favor no nos olviden, dejen de hablar con sus compañeros de sus vacaciones delante de ellos, de sus familias, de sus problemas, de,… Tan solo, como para todos: somos individuales y únicos, y además no nos queda más remedio que pasar por su posición, no podemos elegir; por lo tanto piensen con nosotros, en nuestras soluciones; no nos tengan por molestos mosquitos que les faltan “moscosos”. Gracias, que sabemos de su valía y profesionalidad, no la escondan por los mediocres que los rodean y los hacen invisibles y a veces poco deseables. Ahí fuera hace frío, si no, hagan la prueba. ¡Ah! Sin abusar de conocidos y prebendas endogámicas y relaciones sectoriales.

NOTA 1: Si quieres hablar bien en público aprende a callarte