Apelando a los clásicos

Su ocurrencia supone el encarecimiento del trabajo, aumento de costes productivos y mayor dificultad en el mercado.

Lo bien cierto es que en el último Informe sobre Competitividad –ya sabe, señora ministra, capacidad de vender mercancías y servicios en un mercado global–, que realiza la IMD Business School sobre las 67 economías analizadas, la española ocupa el puesto 40, tras haber descendido cuatro puestos respecto el Informe de 2023.

Esto confirma los pésimos datos de productividad del trabajo, que en 2017 –último año de gobierno Rajoy– la productividad por trabajador se situaba por encima de la media de la UE de los 27 (101,9) frente al (100,0) de media de la UE, y (98,3) por hora trabajada; valores que en 2023 alcanzan (97,0) por trabajador, y (95,4) por hora trabajada.

Obsérvese que nuestra productividad por hora trabajada, frente a la media europea, es inferior a la productividad por trabajador, lo que indica que la mayor productividad por trabajador respecto la UE, se debe a la mayor jornada laboral, diferencia que la señora Díaz quiere eliminar. Su ocurrencia supone encarecimiento del trabajo, aumento de costes productivos y mayor dificultad en el mercado; concluyendo, necesariamente, en menor demanda de trabajo.