FIJAR PRECIOS ES LA LECHE

Es curiosa la polémica que se está levantando con el sector lácteo. Los ganaderos reclaman su parte del pastel vía fijación de precios mínimos para su materia prima: la leche. El origen de sus cuitas viene dado por la “liberación” del sector. Uno que se limita a recordar la historia del tema en cuestión tiene claro  cuando ingresamos en la CE. No recuerdo cuantos sacrificios tuvo que hacer nuestra agricultura para ser bien recibida por los nuevos socios. Ha habido excedentes por todos los lados. Aquí el que más chiflaba “capador”. Se han comprado materias primas, simplemente, para almacenarlas y luego destruirlas; o realizar gestos solidarios. Nadie se ha preguntado para qué hago esto y si realmente sirve a alguien. O si tenemos una demanda seria que satisfacer y estamos preparados para ello. Ahora se ven nuestras vergüenzas.

La comparación, con demagogia, se realiza con el precio de venta al público en las grandes superficies, y lo que se le paga al ganadero. Y la conclusión es que no le llega que tiene que cerrar su explotación. Y ya estamos con el lío montado. Se preparan marchas blancas, reuniones a no sé cuántas bandas. Se dice que tenemos que hacer como en Francia. En definitiva, presión y presión. Todo va a depender de las fuerzas de los integrantes de la cadena y de su violencia o capacidad para influir en el ámbito político; o del realce en los medios de comunicación.

Menos mal que estamos en una economía de mercado. Lo mismo que con el carbón, la industria del automóvil, la electricidad y las energías limpias, las comunicaciones, los servicios sanitarios, la educación, la banca con sus servicios financieros,… Después viene el comercio justo, los tratados de libre circulación y comercio; o no sé cuántos nombres más. En definitiva un gran galimatías que al señor ganadero ni le interesa ni le va a llenar sus bolsillos, de momento.

Escuchaba a un sesudo, de esos que salen en tertulias de a tanto la cuadra o el medio, que por qué no se asociaban los productores de materias primas y realizaban su propia venta directa, por ejemplo, por internet. Casi me da la risa. Un amigo me manda la legislación, conocida hasta ahora, de los productos alimenticios. Lo que se viene en llamar la famosa cadena alimenticia y su trazabilidad. Ya sabéis eso que parece tan sencillo: un producto que está en mal estado y somos capaces de saber dónde se ha vendido y de donde han salido, para retirarlos todos los lotes correspondientes a ese posible mal estado.

No es tan fácil llegar a la mesa desde la explotación ganadera. Ya sabemos, o nos hacen creer que el intermediario se lleva la pasta por no hacer nada. Pero una vez más la cruda realidad de los números (vía: carburantes, energías, envasados, envases, controles sanitarios, pérdidas, financiaciones…) se impone. También nos dicen que lo que se quiere es desmantelar el sector porque se vende a menor precio del real. Lo que toda la vida se ha llamado hundir el mercado para quedarme con él en forma oligopolio y una vez, solitos, os vais a enterar.

No sé cómo va a terminar este cuento de la lechera. Me dicen que los productores de velas, herreros y algún sector más tienen puestos sus ojos en el desenlace; desde el más allá, quizás estén haciendo huecos. Una palabra se oye de fondo: “reconversión”… Y ya van no sé cuántas. A todo esto algunos lo llaman estado de bienestar (público, universal, gratuito,..); otros globalización (libertad de movimientos de mercancías, capitales, personas,..). A mí me gusta ir al refranero y a los dichos. “¡Por favor el último que cierre la puerta (pero que sea de los míos, al menos, por dios)!”.

NOTA 1: Libertad de mercado en el sector lácteo

NOTA 2: Que no exista un desequilibrio llamativo. Por Amando de Miguel

NOTA 3: ¿El cártel de la leche puede defenderse? por el profesor Rallo

NOTA 4: Leche salvada, por el profesor Rodríguez Braun