La historia muestra que que los contenidos y las narraciones no son neutrales. Las historias no se limitan a entretener; configuran la cognición, los valores y el comportamiento. Desde las fábulas de Esopo hasta los cuentos de los hermanos Grimm, desde Andersen hasta Disney, la narrativa ha desempeñado tradicionalmente una función didáctica: enseñaba cómo comportarse, qué temer, qué admirar y, en última instancia, cómo pensar.

La economía digital ha transformado no s sino también aquello para lo que están optimizados. Al hacerlo, ha dado lugar aolo la forma en que se distribuyen los contenidos, dos modelos cada vez más diferenciados de organizaciones de contenido. Uno puede describirse como socialmente constructivo: instituciones que promueven la atención, la reflexión y el desarrollo cognitivo. El otro resulta estructuralmente más problemático: plataformas diseñadas para maximizar la interacción a través de la inmediatez, la fragmentación y el refuerzo conductual.