ECONOMÍA EN 2016: España y sus elecciones
Partimos de la situación en el verano de 2016: finales de agosto. Acabamos de tener las segundas elecciones en menos de seis meses. Dicen que nos dan la palabra como pueblo sabio que somos. Lástima que las encuestas, siempre fallan para algunos, pero no devuelven la pasta. Después casi todos ganan. Pero nuestro sistema parlamentario dice que no es así. Tienen que ponerse a negociar un gobierno. Siempre es por nuestro bien. La ideología, la ética, nuestros votantes se tienen en cuenta siempre que nos venga bien a unos interese particulares muy difíciles de entender, en mi opinión.
Cuáles son las circunstancias y los problemas a resolver. Los análisis, seguramente están claros.
Gran desempleo
Situación territorial deteriorada
Déficit público
Deuda pública exagerada
Síntomas de corrupción galopante
Financiación de las pensiones
Reformas estructurales en las Administración Pública
….
Ahora, una vez vistos los síntomas y los problemas vienen las soluciones propuestas. Aquí es donde se parten, las ideologías y las experiencias chocan como ejercicios de cacharrerías. Incluso la ética se mezcla en algunas ocasiones
No entiendo cuando se intentan diferenciar la política y la economía como si cada una funcionara de manera separada y no conjunta. Me explico. Necesitamos recursos para llevar a cabo cualquier objetivo. Lo siento amigos, pero es así. A nadie le gusta hablar de dinero, suena mal, pero mientras necesitemos alimentos para subsistir alguien tendrá que intervenir en el proceso o cadena alimentaria, ¿o no?
Cojamos, por ejemplo, algunos ministerios que serán los encargados de gestionar estos recursos tan escasos.
Para coordinarlos estará en Ministerio de Hacienda y Economía. Industria. El malo de la película. Tiene que recaudar, y repartir. Siempre me he preguntado para qué nos quitan si luego dicen que es para darnos unos servicios que en muchos casos son tan nefastos que tengo que ir a otros proveedores. También, dicen que es para facilitar el acceso a los más necesitados a esos servicios, eliminar desigualdades, la pobreza. Pero vemos que en muchos casos lo que se prima son subvenciones a empresas que no generan valor añadido o productividad, cargando estas ineficiencias sobre sectores generadores de empleo, de desarrollo de futuro; nuevas tecnologías. Ya sé que aquí las demagogias van de lado a lado, cogidas de la mano con la hipocresía voraz, con las voces que claman contra la plutocracia. Oímos frases como aquella que dice que venga el ministro y me diga a qué enfermo dejo de atender con los recortes. Vamos que la responsabilidad se traslada de un bando a otro en función del color de los partidos que se encuentren al frente de las diferentes administraciones. Seguramente las propuestas de recaudar más para gastar más y tener un mayor crecimiento, o gastar lo necesario para que cada cual con sus recursos gaste en aquello que realmente le interesa y así tener sectores sanos con crecimientos en la demanda real de los usuarios, sean propuestas alternativas. Sin embargo, tengo la impresión, que, en mayor o menor medida, todos los actores tienen entre ceja y ceja intervenir lo máximo en la vida privada y el bolsillo del ciudadano. Eso sí, por nuestro bien, o el de nuestro núcleo donde habitamos, porque somos diferentes, porque las urnas deciden democráticamente: a nosotros van a venir de fuera a decidir por nosotros.
Trabajo, Educación, Asuntos sociales, Transportes e Infraestructuras. Seguramente, aquí se me queda cara de no saber, muy bien a dónde mirar. Las competencias están tan diluidas que cada vez que se legisla, sale un recurso de inconstitucionalidad por invadir competencias o no respetarlas. Lo que sí que tengo claro es que, con el mayor problema, en mi opinión, de desempleo, algo tenemos que hacer. No sé si modificar la legislación de contratación, el estatuto de los trabajadores, las relaciones laborales entre los diferentes agentes. Pero eso sí que no sea gravoso para las arcas del ciudadano, y que no recaiga en sus bolsillos todas las políticas activas de empleo que a la postre no varían las cifras y sí que llenan los bolsillos de organizaciones y empresas muy bien relacionadas en temas de formación y apoyo a desempleados. Creo que a buen entendedor pocas palabras bastan. Por cierto, cuando se habla de dualidad en los contratos se refiere a que existen aquellos que tienen unas ciertas garantías por el tiempo que llevan o empresas donde se aplican, y por el otro, tipos de contratados para completar, lo que yo digo, a esos privilegiados que de ninguna manera quieren perder sus “derechos”. Es un tema suficientemente complejo como para no tomárselo a broma. Y va muy ligado a la realidad de cada sector y cada empresa. No es lo mismo ser una economía donde el turismo es una de las principales fuentes de empleo, con su temporalidad correspondiente. O las garantías de los funcionarios de carrera con un puesto para toda la vida, donde nadie se pregunta si realmente lo necesito con una evaluación continua de las exigencias de mejora que el ciudadano demanda. O la pequeña empresa o comercio, en relación con los grandes de su sector. Y no puede fallar la legislación de los salarios mínimos. Con aquello de mejorar el consumo con unas subidas dignas. Yo siempre me pregunto, realmente, quién paga los salarios y por qué. Volvemos, una vez más, al valor añadido y la productividad de los salarios. Cuidado con las cifras comparativas de otros países y economías, incluidas las internas regionales dentro de cada país. Para exigir tenemos que tener las mismas empresas, y no olvidemos que nuestro lastre en desempleo lastra las cifras de salarios reales en nuestra economía.
Justicia. Voy a terminar para no alargarme con una de las instituciones que en mi opinión más sufre dentro del mundo público. Teóricamente es una de las patas fundamentales del Estado de Derecho y lo que venimos en denominar Democracia. Vamos, es la garantía para que todo individuo no se vea pisoteado, bien por otras personas o por otras instituciones. Y por supuesto para que sepa, también, cual son sus obligaciones. Ante tales premisas, tan sencillas, se impone, entre otros, su independencia, sus correspondientes recursos y por descontado su agilidad y rapidez que den en buena medida la seguridad jurídica que toda sociedad moderna demanda. Claro, aquí siempre topamos con todas las trabas que queramos poner. Desde el desconocimiento y la preparación, que por supuesto no nos va a eximir del cumplimento legal correspondiente. Hasta los fraudes de ley, muy bien conocidos por los expertos. Y ya no digamos nada los diferentes escalones de recursos de las instituciones.
En fin, parece sencillo que unas fuerzas políticas se pongan a trabajar para que los ciudadanos tengamos más fácil nuestra vida pública. Pues parece que no lo es. La prueba es que, si ustedes tienen ganas de gastar un poco de su tiempo en los medios de comunicación, verán que no. Eso sí siempre por nuestro bien, con nuestro dinero (ese vil metal que todos odian pero que nos gusta que vaya a nuestros familiares y amigos, por si acaso favores se pagan).
NOTA 1: Las barbas del vecino por Jesús Cacho
NOTA 2: El cambio del modelo productivo en riesgo por el profesor Rallo


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