La RSC

 En el acto celebrado el día 25/2/2014

 El director de Comunicación, Identidad Corporativa y RSC de Grupo Mutua Madrileña Lorenzo Cooklin Díaz nos da una visión muy acertada sobre lo que las empresas debería entender por el concepto de Responsabilidad Social Corporativa. Para ello pone el ejemplo de las preferentes. De qué sirve el papel y los buenos propósitos en las Memorias y actos si vendemos productos poco claros a personas sin el conocimiento necesario, y que vienen a nosotros, simplemente, por el hecho de habernos ganado su confianza. Por lo tanto este concepto debemos aplicarlo a todo el ámbito de la empresa. Una forma de entender los negocios respaldada por el máximo ejecutivo de las organizaciones, con actos concretos, alcanzables y creíbles. Con un Facilitador que impregna los elementos cual lluvia fina. Sin olvidar que las empresas no son ONG´S, por lo tanto los valores representados por esta actitud tienen que tener un retorno. Así queda explicada la duda que ante malos vientos no hay fondos para estas actividades. Recuerdo, al respecto, el elemento imaginativo de campañas ligadas a organizaciones con gran prestigio en el mundo de la ayuda a situaciones difíciles. Simplemente participando como patrocinador en un acto multitudinario, llenando el espacio con globos y la marca del sponsor, ¿qué campaña de comunicación habría tendido tal repercusión en los medios?

La forma de medir los valores de nuestra RSC la podemos obtener de los diferentes índices y posicionamientos publicados por organizaciones o revistas especializadas: reputación y ranking. Siempre sometidos a la tiranía de los medios de comunicación: ¿Cuánto nos cuesta salir en ellos?.

El gobierno corporativo. Las políticas sociales, su conocimiento y utilización. Unidos como vasos comunicantes, clientes, empleados, entorno; personas en definitiva.

La pregunta, del millón, ¿cómo se implementa? Ya hemos dicho que sin el apoyo del máximo responsable, ni soñarlo. Después se irá incluyendo dentro de los objetivos de los diferentes departamentos, poco a poco, con aspectos concretos, con personas comprometidas que sirvan de catalizador de estas políticas. Seguramente podamos contar con la experiencia de colaboradores que en su vida privada ya realicen tareas similares y, por lo tanto, no suponga esfuerzos ni planteamientos descabellados tanto por la idea como por los recursos que pudieran consumir.

 El mundo anglosajón tiene la mentalidad mucho más predispuesta a este tipo de actividades y está más habituado. Ahora, simplemente, me vienen a la memoria, las grandes dotaciones de las mayores fortunas a centros de investigación y fundaciones que participan en el mundo de la investigación de enfermedades y sus posibles descubrimientos para luchar contra ellas. Tampoco olvido las “pequeñas” campañas realizadas por compañeros en la recogida de ropas, llevando a la propia empresa los contenedores al efecto. La campaña de Navidad, renunciando al aguinaldo y llevando sus fondos a los centros de Cáritas para que se distribuyeran por los comedores sociales. Patrocinio, por los propios empleados y la empresa de equipos deportivos, aportando indumentaria, dinero para viajes y colaboración con estratos sociales más desfavorecidos,…

 En fin, recomiendo la reflexión, no solo en los papeles de las famosas memorias, el “papel couché” de las empresas, sino la implicación internas en todos los niveles de la misma