SIGUE LLENANDO EL POZO (20/06/2010 )
Si en el mundo somos 6.000 millones de habitantes y consumiéramos la media que existe actualmente en España, es decir si utilizáramos los recursos mínimos para ese consumo, necesitaríamos 10 planetas como la tierra para satisfacer ese nivel de vida.
La pregunta es clara: qué nos hace vivir en esa continua vorágine de más y más. Por supuesto la respuesta es individual cada uno de nosotros tendrá que autoanalizarse, echar un vistazo a su alrededor, comprobar si realmente aquello que tiene vale la pena o por el contrario es imprescindible para su subsistencia.
Parece ser que el DESEO es el objetivo común de nuestra sociedad occidental que algunos llaman capitalista y a mí simplemente me gusta decir o llamar de CONSUMO. Como nos gusta buscar soluciones a los problemas en vez de eliminarlos, voy a comentar unas pequeñas pautas personales que nos hagan sentirnos menos culpables y después que cada palo aguante su vela.
Decimos que la publicidad es una herramienta destructiva, nociva, nos llena la mente de unos sueños inalcanzables que serán realidad por el mero hecho de poseer tal o cual artículo o servicio. Mentira acabo de oír hace cinco minutos un programa maravilloso sobre consumo responsable, consejos para un mundo mejor más humano, ayudas por parte de especialistas para la solución de problemas personales, magníficos datos estadísticos de análisis casi científicos para entender el pasado e incluso poder hacer extrapolaciones que nos lleve a un futuro predecible: utopía de todo economista, y ya no digo nada si su especialidad es la mercadotecnia. Mi gozo en un pozo al finalizar la charla magistral, por supuesto dirigida por en EL correspondiente líder de opinión de cadena radiofónica de turno, empiezan a salir los correspondientes patrocinadores del magnánimo acontecimiento ya pasado apenas dos minutos. No hace falta que les diga los INIGUALABLES artilugios y utilidades que llenaron mis oídos no sea que me acusen de algo subliminal que no pretendo.
Conclusión valen más dos acciones que mil lecciones. Me tengo que dirigir todos los días a mi trabajo en metro, veo casi siempre las mismas caras con facciones diferentes. Me gustaría entrar en la mente de cada uno los viajeros que me acompañan, no como curiosidad malsana sino por ver la realidad de las situaciones. Veo que según la hora cambian los olores, los vestidos, más o menos hombre o mujeres, se lee más o menos, las conversaciones son diferentes; incluso creo que según el día de la semana los humores son diferentes. Quizás me engaño a mí mismo y soy yo que como buen mediocre busco cualquier excusa para no afrontar mi propia realidad o justificarme por no haber llegado donde me hubiera gustado estar. Continúo el día intento el esfuerzo máximo, pequeños detalles: buenos días a todos, gracias, perdón, disculpa, podemos mejorar, me ayudas, te ayudo, adelante, muy bien,…mundo utópico lleno de competidores, presiones, fechas imprescindibles a las que debemos llegar, objetivos imprescindibles que se deben conseguir, mejoras continuas que cavan nuestra propia tumba, diversidad genérica en un mundo global que se contradice con las herramientas comunes que debemos utilizar para conseguir una uniformidad infinita que procure el mínimo coste a un esfuerzo exigido que nunca sabemos donde deposita su última mies.
Suena a demagógico, pero por mucho que lo pienso no sé que saco con desahogar mis sentimientos: uno de los tantos de los del inicio del párrafo. Al pasear por la playa no veo bien la figura de la persona que se me acerca: ves aquel niño, me dice, está cavando un agujero, quiere hacerlo tan grande que sea capaz de recoger todo el agua del mar; es lo mismo que tus pensamientos: yo le dije que si le gustaba, me comenta el desconocido, no cejara en su empeño, cada día un poco de esfuerzo; si el mar desaparece o se desplaza hacia el interior siempre le quedará el recuerdo de su ilusión, su intento, su coraje y su ingenuidad que tanto le ayudaron a disfrutar y a progresar.
El rayo de sol que entra por la ventana me despierta, sigue sonando el transistor, dan la noticia de que Saramago ha muerto. Veo la cara sonriente del descocido de la playa: ya le pongo facciones, se dirige con cuatro personas hacia un destino incierto pero feliz, se da vuelta, me guiña un ojo, pasa cerca de un gran centro comercial, le hace un corte de magas….me llega un susurro,…sigue llenando el pozo…
NOTA 1: Ética y estética en la obra de José Saramago, por Manuel Ángel Vázquez Medel
NOTA 2: El caos contado por Saramago, por Antonio Fernández Vicente 31/05/2023


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Actualizada la NOTA 1, el día 25/04/2022 a las 8:56