Vamos a reflexionar con este artículo de Félix de Azúa

Albert Camus, por ejemplo, cuya novela inédita e inacabada, pero maravillosa, Le premier homme (El primer hombre, Tusquets), no se publicó hasta 1994. Él había muerto en 1960. La memoria de las letras es muy selectiva y aunque las grandes ventas fueron y siguen siendo libros sin interés literario, las grandes obras sufren apagones que solo se vuelven a encender, aunque débilmente, en la universidad.

Los personajes de Beckett eran como las esculturas de Giacometti, y éstas a su vez parecían salidas de las obras de Beckett.

Pero ¿qué es lo que ha cambiado tan esencialmente? ¿Cómo se han movido las corrientes subterráneas de nuestra sociedad? Creo que un elemento muy notable es el desinterés del siglo XXI por la forma, así como el crecimiento exponencial de la moralidad y del sentimiento. Los grandes vanguardistas inventaron formas numerosas, inesperadas, sorprendentes, incluso cautivadoras. Les movía un rechazo frontal de los contenidos morales en el arte, actitud que ya había comenzado en Flaubert y su idea de una narrativa próxima a la poesía.