Con Elvira Lindo de “Bibliotecas y vida”

Continúa la interesante serie de las bibliotecas de los escritores. Aparece serena, tranquila, con una sencillez especial que todo lo inunda. Tampoco soy objetivo, tengo la sensación que aparece alguien de casa. Desde su presencia radiofónica con su inseparable Manolito, hasta sus artículos en prensa casi diarios, tengo la sensación de ver y estar con alguien cercano.

No deja nada para luego, tras la presentación, su torrente de voz y presencia, comienzan los borbotones de vida y anécdotas. Cálidos. Sí aparece su biblioteca. Especial, bien ordenada, “da la sensación de Biblioteca Pública” comenta; lugar abierto, escolar, cerca de la cocina, con olores y sabores. Biblioteca envidiable, sin mérito comenta, ya que es de dos personas, escritores, que reciben innumerables muestras del oficio y casas editoriales. Demuestra su actitud por el libro que le gusta, incluso se atreve a tirar, sin rubor aquello que considera ni para ella ni para los demás, dejando entender que ciertas calidades no merecen la pena. Como bien dice, regala si sirve. Desprendida, con carácter, después de una época de sitios parece que le llega el arraigo.

22 años de edad de su biblioteca, tantos como lleva con Antonio Muñoz Molina. Aparece “El muñeco de papel”. El rincón para la siesta. Vuelve a recalcar la importancia profesional de hacer lo que realmente le gusta, en un sitio agradable, en este caso su domicilio. Vivir cerca de la siesta, el diván planeado para tal efecto. Sus lugares que no quiere compartir con nadie. Pendiente el reverso de la vida en Madrid. Evoca “El tiempo amarillo”, memorias de Fernando Fernán Gómez. Coge el teléfono, un rato para hablar con alguien. Aparecen las dedicatorias de los libros de Antonio, guardadas como un tesoro. Los libros están en la RAE. Nos cuenta como con los niños las casas se llenan de cosas absurdas. Los percances reales con los más pequeños pueden incluso desencadenar una profunda crisis, por borrados de parte de una novela, pero confiesa que necesita su cercanía y la echa en falta cuando no están. Sigue narrando su vida en los libros que nos muestra su estantería. Nos enseña sus libros raros. Nos habla del sentir cálido de la gente en su casa. Similar al sueño de los niños, capaces de rendirse ante el alboroto general cercano. Le gusta sentir en casa el calor de los demás. Aparecen las placas que le regalaba su padre. Reconoce la gran conexión entre ellos. Lo considera irrepetible, no tolera que se comparta su originalidad. Los premios de la hija son algo genético, considera el patriarca del barrio de Moratalaz.

Confiesa, pendientes sus “Recuerdos de Madrid”. Su marido le dice: “La gente piensa que exageras” cuando narra esos detalles. Pero ella se considera como su padre, peculiar, extravagante.

Confieso que estoy totalmente absorto, como cuando oyes a un amigo. Sigue llenando la sala con sus anécdotas, eso lo tengo que escribir cuenta. Nos deja sus recuerdos de niña de nueve años escoltada por la pareja de la Guardia Civil. En el 71, imaginaos, en el tren, entre los dos, ¿qué pensaría la gente?. Aparecen las fotos de su padre. De “fotomaton”. Por ellas se puede seguir su vida, dice.

Mujer rebelde, recuerda como la protagonista de “Mujercitas”. Es ella la pequeña de la familia. Siempre quería ser mayor. Va saltando entre recuerdos de niñez, con su hermana, con sus lecturas. Con sus primeros pasos pasos profesionales en la radio. Su pasión por la escritura. Sus miedos, impresionable con el más allá. Nos lo va contando de tal manera que en el fondo no sabemos si es ella o una de sus historias. Habla de temor a estar endemoniada, de su pequeño pene. Sí las lecturas “progres” de ese momento, con las anécdotas que nos lanzan la sonrisa, su sonrisa eterna, como la niña que en el fondo uno nunca quisiera dejar de ver, pese a la coraza de mujer que lleva dentro. Nos cuenta el hallazgo de toda la vida definida por los padres. Ni monstruos ni extraterrestres. Pese a que a los mayores de aquella época les gustaba asustar a los niños.

Aparecen, entre otros, Galdós. La fundación de defensa a Galdós, comenta. Les gusta a los dos. Habla de “Tristana” como la obra que más la emocionó del autor. Comenta sobre sus gusto por Simenon (autor de las obras sobre el comisario Maigret). Chejov, el santo laico de la casa dice. La carta a su hermano de este autor la tiene como decálogo de su propia vida. Para más señas podemos ver su culto por el escritor en este artículo.

Aparece la máquina de escribir de Arturo Barea, donde cuenta escribió “La forja de un rebelde”

Vuelve con su vida, el paso por Telecinco como guionista. Pero no me resisto a sus comentarios sobre como todos los astros, señala, se pusieron en perfecta alineación para cambiar su vida. Con 28 años, conoce a Muños Molina, entrevista a Bioy Casares, al que anuncia su Premio Cervantes. En dos vasos de buen güisqui dan para toda una vida. Sus trofeos, premios, permanecen en casa de los padres. El embrazo psicológico de su perra Lola y el libro de Caravaggio.

Termina, con pena, uno seguiría escuchando, como la lectura obligada de unas vidas vividas, narradas, idealizadas por mi parte, pero con toda la realidad posible de una soñadora, rebelde, continuadora de su propia saga, ese Manolito, Manolo, doña Elvira. Y lo que nos queda por recibir de su pluma.

Los libros del fin de la entrevista.

“La gaviota” de Chejov

“El Camino” y “Cinco horas con Mario” de Miguel Delibes.

Y de los suyos “Lo que me queda por vivir” (Aquí por cierto también los astros están conmigo lo llevaba en mi zurrón, me atrevo con una pregunta, y la autora es tan amable de estampar su firma). A ella, que como a todos, dice, no nos gustaría morir, estar más tiempo con los hijos ver el desarrollo de los jóvenes. Le gusta su vida, pero no se engañen, dice. Cuando era pequeña y graciosilla sufría porque se reían, pensaba yo que de mí. Y como en las películas o en la literatura, a ella le hubiera gustado ser la protagonista guapa, el galán, el bello.

Simplemente. ¡Gracias!

NOTA 1: Artículo publicado en “El País” “Lo lleva en el sueldo”

NOTA 2: Entrevista en la 2 de TVE

Donde hablará de La vida inesperada, película de Jorge Torregrosa de la que firma el guión

NOTA 3: El futuro por delante y la vida por montera

NOTA 4: Se reúnen en español los cuentos que consagraron a Antón Chéjov