“LOS PRINCIPIOS CONTABLES”

Pretendo, solamente, reflexionar sobre un aspecto de la CONTABILIDAD: su validez de uso para la toma de decisiones, como una herramienta más. Por lo tanto, ya sé, que para opiniones de “expertos homologados”, será una simpleza pero no dejemos, nunca, pasar por alto aquello de “la experiencia como madre de la ciencia”, o aquello de “valen más dos acciones que mil lecciones”. O también, lo que, a veces me ocurre: me acuesto pensando  que soy un experto, hasta que me levanto y la realidad me demuestra que siempre hay algo nuevo no previsto. Y no digamos nada si dependemos de los “boes de turno”.

Toda la documentación contable se basa en la recogida de información de los hechos económicos reales y veraces de una actividad.  Incluidas también, ciertas estimaciones que nos ayuden a comprender el famoso principio de “la imagen fiel”. Para ello, por lo tanto, tenemos que conocer la realidad de la actividad que “estamos contabilizando”. Me refiero, no solamente, a los principios contables generalmente aceptados; o al Código de Comercio, o a otras normas contables que nos ayuden, siempre a la mejor estimación. Cuando hablo de “realidad” me refiero desde el funcionamiento de la actividad hasta el entorno que la rodea, desde la competencia hasta las obligaciones sociales o legales de su punto de ubicación.

Por lo tanto si nos vamos a nuestro PGC, destaco, simplemente estos hechos: (quizás bastara con repasar, cada cierto tiempo la parte del MARCO CONCEPTUAL DE LA CONTABILIDAD)

  • Validez de la correcta llevanza de las obligaciones, en tanto en cuanto, sirvan para la toma de decisiones.
  • Imagen fiel que permita la correcta interpretación de los documentos que la componen.
  • Información relevante y fiable.
  • Empresa en funcionamiento
  • Devengo
  • Uniformidad
  • Prudencia.
  • No compensación
  • Importancia relativa

Y no me resisto a recalcar que no tenemos que coger la parte por el todo. Es decir, quizás, en algún momento pueda existir “algún conflicto” entre estos principios de cara a la interpretación de algún suceso o realidad. Para ello, siempre, entiendo, que el equilibrio es la mejor forma que evite destruir la “imagen fiel”. Y no olvidemos, nunca. Que los sucesos son temporales: reflejamos la realidad de cada momento, por lo tanto las estimaciones o las anotaciones se realizan con los conocimientos de ese momento, siempre y cuando no estemos engañando en esas anotaciones para objetivos distintos del reflejo de la realidad. Con las “nueva reglas” de reflejos “financieros” y estimaciones de “valor” de mercado (entre otras), resulta dificultoso entender y hacer entender determinadas operaciones complejas de entidades de determinados sectores o tamaños. Pero siempre la recomendación: si no lo entiendes, pregunta. Y si tienes que tomar decisiones te tendrás que rodear de “gente de tu confianza y que aporten veracidad”, que asuma responsabilidades. Y cuidado con delegar: ¿autoridad o responsabilidad?. A veces, quizás no seamos culpables de las decisiones de otras personas del equipo. Pero quizás sí que seamos responsables por ocupar una posición de máxima autoridad.

No puedo terminar (¡ay mis debilidades!) sin mencionar la parte que más me gusta (entre otras) tener presente a la hora de “confeccionar mis contabilidades”:

En los casos de conflicto entre principios contables, deberá prevalecer el que mejor conduzca a que las cuentas anuales expresen la imagen fiel del patrimonio, de la situación financiera y de los resultados de la empresa. Un error no es una mala estimación, pero sí que se debe corregir como la estimación: es cuanto se conozca el hecho verdadero. No hagas trampas al solitario, por favor. Eres un “profesional” no mero “amanuense”.