LA COMPARACIÓN EN LA CONTABILIDAD

Me estaban surgiendo una serie de preguntas al hilo de tres propuestas que he tenido que realizar y no tengo muy claro que mi trabajo haya sido profesional.

En una de ellas se me preguntaba cuáles eran los pasos para poner al día la contabilidad de un negocio donde se carecía de “todo”. La otra tenía que ver con la preparación de una presentación para universitarios “emprendedores” para sus futuros proyectos de empresa. Y por último tenía que dar una opinión de una empresa del IBEX 35, basándome, simplemente en los datos que figuraban en sus informaciones de las últimas cuentas anuales, su página web y toda la información pública que figurase en la web de la CNMV.

Solamente en la última propuesta tenía claro cuál era el objetivo de mi interlocutor (que por supuesto no me lo dijo pero que se intuía al poco de concluir su charla): quería saber si con estos vaivenes de la bolsa, la cotización en el mercado de dicha empresa podían presagiar futuros beneficios con la compra a los precios que se venían barajando en unas fechas concretas. Vamos “adivinar” una infravaloración en el mercado bursátil con respecto al futuro valor de la compañía (en términos de “economía real”, él me decía).

Con respecto a los universitarios salí satisfecho. Al inicio se me ocurrió hablarles sobre su “independencia económica”. Con gran sorpresa hubo unanimidad. Todos los que hablaron expusieron claramente con cuanto vivían o podrían largarse para hacer su vida (alquiler: piso o habitación; gastos fijos de agua, luz, teléfono, internet; gastos de comida, ocio, viajes, varios,…) Lo cual daba una cifra de ingresos con una razonabilidad muy lograda.

En la primera es donde siempre me he atascado. Sí amigos tengo una pequeña metodología que intento seguir al pie de la letra. No dejarme nada por explorar: datos cuantificables, riesgos, conversaciones, datos legales,… Incluso en algunos casos llego a detectar los secretos de familia por los cuales, realmente quieren realizar “su análisis”. Más allá de las multas de Hacienda he llegado a la conclusión que le invade una falta total de confianza con “toda” la actividad que están realizando: tanto ellos mismos como las personas que les rodean (empleados, clientes, asesores, proveedores, bancos, funcionarios, competidores,…). En definitiva su pensamiento es que saben más que nadie, pero no lo quieren demostrar no sea que tengan que dar explicaciones o demostrar que eso es cierto.

En fin he cerrado los casos.